¿En qué se diferencia la hernia discal de la protrusión discal?

¿En qué se diferencia la hernia discal de la protrusión discal?

Nuestra columna vertebral está formada siete vértebras cervicales, doce torácicas, cinco lumbares, cinco sacras y el coxis. Estas vertebras se articulan entre sí a través de carillas articulares y del disco intervertebral, formando entre ellas un tubo que alberga en su interior la médula espinal y permite la entrada y salida de los nervios periféricos.

Si este tubo no se encuentra en buenas condiciones y en los segmentos móviles aparece una patología, surge un movimiento de inestabilidad entre dos vértebras que el causante del dolor de espalda.

Antes de explicar en que consiste una protrusión discal y una hernia discal es importante conocer un poco a uno de los protagonistas de esta historia: el disco vertebral.

El disco vertebral, según se explica en el libro “Lecciones básicas de biomecánica del aparato locomotor”, es quizás “la estructura anatómica de la columna que recibe una mayor atención, a excepción de la médula espinal”.

En esta estructura se distinguen 3 partes: el anillo fibroso como capas de una cebolla que envuelve a una pelotita conocida como núcleo pulposo y la placa terminal cartilaginosa. Estas partes forman un sistema compacto, que participan en todos los movimientos y sufren todo tipo de fuerzas y cargas excesivas.

Cuando se produce una situación traumática, o el disco es sometido a tensiones repetidas a lo largo del tiempo, puede sufrir una degeneración de las fibras que rodean al núcleo pulposo, provocando la deshidratación de las estructuras, generando pequeños desgarros o fisuras discales.

Muchos deportistas famosos sufren de problemas de espalda. Uno de los casos más famosos de esta patología es el del futbolista Gareth Bale, con frecuentes problemas de columna y se habla de protrusión y hernia discal. Pero ¿en qué consiste y en qué se diferencia la protrusión discal y la hernia discal? Básicamente estamos hablando del mismo problema, pero en grados diferentes. Por este motivo, es importante conocer en que consiste cada una de estas patologías y sus diferencias.

Empecemos por la protrusión discal. Esta consiste en una degeneración de los discos, es decir, un abombamiento de las fibras que rodean el disco vertebral. Lo mejor, para prevenir las protrusiones, es mejorar la mecánica de la columna, reforzar la musculatura de la espalda y realizar sesiones de estiramientos y relajación.

Mientras que una hernia discal consiste en la salida de parte del núcleo pulposo a través de una fisura en las fibras del disco.

Algunos de los factores que pueden aumentar la probabilidad de que aparezca una hernia o protrusión discal son:

  • Tener una musculatura débil
  • Estar mucho tiempo sentado
  • No hacer ejercicio
  • Someterse a vibraciones que afecten el cuerpo
  • Genética

En la gran mayoría de los casos, tanto la protrusión como la hernia discal son asintomáticas, es decir, no producen dolor. Según un reciente estudio publicado en una publicación científica (Brinjink et al, Am J Neuroradiology, 2015), aproximadamente el 40% de los adultos mayores de 20 años sufren algún tipo de degeneración discal. Estos porcentajes se incrementan a 50%, 70% y 80% cuando hablamos de adultos de 30, 40 y 50 años, respectivamente.

Generalmente, lo que ocurre es que cuando el paciente padece un episodio doloroso, realiza una prueba diagnóstica, radiografía o resonancia magnética, y descubre que tiene una lesión. Lo que coincide es el momento del episodio de dolor y el momento en el que el paciente recibe la información acerca de su lesión. El error está en establecer, por ello, una relación causa efecto.

Muchos pacientes operados de hernia discal, continúan padeciendo el mismo dolor después de la intervención. Esto ocurre, porque la hernia no era el causante del dolor.

Por otro lado, muchas personas, padecen dolor pero las pruebas diagnósticas no reflejan ninguna patología que “justifique” el dolor.

El dolor de cuello o espalda, según expone el libro “El libro de la espalda: Cómo entender, evitar y superar los dolores de espalda” escrito por el Dr. Francisco Kovacs, “se debe a una enfermedad general (o <<sistémica>>) en menos del 1% de los casos, y a una alteración de la estructura de la columna vertebral en menos del 4%. Continúa explicando que “el resto de los pacientes, que representan aproximadamente el 95%, tienen un síndrome mecánico inespecífico, en el que el dolor se origina en las partes blandas (músculos, ligamentos o tendones), y habitualmente se debe al mal funcionamiento o sobre carga de la musculatura”.

A excepción de los casos de hernia en los que está indicada la intervención quirúrgica, tanto en la prevención como en la rehabilitación del dolor de espalda, la mejora de la función muscular es y debe ser la base sobre la que construir la recuperación del paciente.