Los deportes menos adecuados para la salud de tu suelo pélvico

Los deportes menos adecuados para la salud de tu suelo pélvico

Realizar ejercicio de forma regular es muy recomendable, dado sus múltiples beneficios para nuestra salud, como el aumento de la resistencia cardiovascular, el fortalecimiento muscular, mantenimiento del peso o mejorar el estado de ánimo.

No obstante, algunas de las actividades físicas más comunes suelen poner en riesgo la salud de nuestro suelo pélvico. ¿Y en qué nos basamos para decir que estas actividades pueden ser un factor de riesgo para el debilitamiento esta musculatura?

Nos basamos en el efecto que tienen algunos deportes de alto impacto sobre nuestro suelo pélvico al someter al periné a una serie de presiones intensas, ya sea de forma continua o de manera puntual.

El estudio ‘Physical activity and the pelvic floor’ publicado por la American Journal of Obstetric and Ginecology ha demostrado que los deportes de alto impacto tienen una repercusión muy negativa sobre el suelo pélvico, incrementando significativamente la incidencia de problemas tales como la incontinencia urinaria o el prolapso de los órganos pélvicos. Al necesitar de una intensa activación de los músculos de la cintura abdominal, estos ejercicios producen una intensa presión sobre el periné que genera un debilitamiento progresivo del suelo pélvico.

El running (el deporte de moda) y el suelo pélvico

Para entender mejor lo expuesto anteriormente, analicemos en profundidad uno de los deportes más practicado por hombres y mujeres en todo el mundo, el running.

Correr es un ejercicio aeróbico igual que montar en bicicleta o subir y bajar escaleras. La diferencia de correr con otros deportes es la presión que se produce en el abdomen al practicarlos. El running es una actividad de alto impacto (entre 6.000 y 10.000 impactos) en el que, con cada paso, se genera y se absorbe una gran cantidad de energía que pasa a las rodillas, sube hasta el tronco, afecta a nuestra espalda y, por ende, al suelo pélvico. Cada uno de esos impactos hace que la presión -toda la presión- recibida sobre nuestra pelvis aumente y, de tanto amortiguarla, el suelo pelviano se va debilitando.

Nada de esto significa que tengas que dejar de correr inmediatamente, simplemente es fundamental seguir una serie de pautas para lograr “dañar” nuestro pélvico lo menos posible mientras practicamos este deporte. Para correr y proteger el suelo pélvico recomendamos tener en cuenta el peso, la distancia de carrera, el terreno, la postura adecuada para correr, unas buenas zapatillas, aumentar la cadencia de carrera, entrenar en exclusiva nuestro suelo pélvico, y, por supuesto, realizar entrenamientos de fuerza.

¿Cuáles son los deportes que no perjudicarían el suelo pélvico?

Existen otros ejercicios “más saludables” para el suelo pélvico, actividades que no solicitan un trabajo constante a los rectos del abdomen y en el que los impactos se reducen al máximo.

Expertos aseguran que el deporte ideal para evitar perder la fortaleza del suelo pélvico es una combinación de ejercicios aeróbicos y de fuerza. Ejercicios que trabajan globalmente diversos grupos abdominales y son de bajo impacto.

Ningún deporte es “malo” para nuestro suelo pélvico

Según la British Journal of Sport Medicine, ningún deporte de bajo, medio o alto impacto, es malo para la salud de nuestro pélvico. La incidencia radica en diferentes factores como el número de veces a la semana que nos ejercitemos, los años de práctica y nuestro pasado uroginecológico.

Por ello, a la hora de practicar cualquier tipo de deporte, como running, gimnasia o atletismo, estos han de combinarse con ejercicios de bajo impacto que ayuden a fortalecer los músculos abdominales. Ejericicos eficaces para que el suelo pélvico se active y responda adecuadamente a los cambios de presión que se producen en el interior del abdomen al realizar cualquier gesto deportivo.

Igualmente, si el ejercicio físico se realiza con una intensidad adecuada, su proyección sobre esta musculatura no afectará para nada su funcionamiento, así como mantener unos buenos hábitos de salud general, como una buena postura, una buena alimentación, un peso adecuado y un descanso óptimo.